En la actual legislatura de San Luis Potosí, los diputados locales no solo gozan de sueldos privilegiados —superiores a los 3 mil pesos diarios—, sino que además han convertido cada sesión en un gasto extra para el bolsillo de los potosinos: el Congreso del Estado paga, en promedio, 11 mil 737 pesos por sesión solo en alimentos.
De acuerdo con información pública disponible en la Plataforma Estatal de Transparencia, y revelada por la organización Ciudadanos Observando, entre mayo y julio de 2025 se realizaron varios pagos por concepto de “servicio de alimentos” a favor del proveedor Marcos Roberto Covarrubias Martínez, quien ha facturado montos considerables al Poder Legislativo por atender el apetito de los diputados.
Entre los registros destacan los siguientes gastos:
- 14 mil 801 pesos por alimentos durante las sesiones del 20 y 21 de mayo.
- 11 mil 783 pesos en la sesión del 27 de mayo.
- 29 mil 603 pesos más por las sesiones del 6 y 10 de junio.
A ello se suma un gasto adicional del 18 de julio, cuando en una reunión conjunta de los tres poderes del estado —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— se pagaron 14 mil 245 pesos en un restaurante del hotel City Express. Según el registro oficial, el motivo del encuentro fue “reunión de trabajo”, aunque en la práctica se trató de una comida protocolaria.
Estos gastos contrastan con las elevadas percepciones de los diputados, quienes reciben más de 90 mil pesos mensuales entre salario, compensaciones y apoyos. Pese a ello, cargan al presupuesto público hasta los desayunos y comidas que acompañan sus sesiones legislativas.
Diversas voces ciudadanas y organizaciones locales han calificado estos gastos como un abuso y una falta de ética pública, especialmente en un contexto donde el Congreso arrastra críticas por su bajo desempeño legislativo, ausentismo y falta de transparencia.
En lugar de rendir cuentas o debatir leyes de fondo, los diputados potosinos siguen dando motivos para el desencanto social. Esta vez, el escándalo no viene de una iniciativa polémica ni de una omisión legislativa, sino de algo más cotidiano, pero igual de ofensivo: que los ciudadanos paguen hasta el pan dulce y el café de sus representantes.

