El municipio de Rioverde se sumó a la polémica práctica de bautizar calles con el nombre de funcionarios en activo, luego de que en julio pasado se inaugurara una vialidad en honor a Karina Quintero, presidenta del DIF municipal.
El acto fue promovido por la administración encabezada por el alcalde Arnulfo Urbiola, quien tras una larga militancia en el PRI obtuvo la reelección bajo las siglas del Partido Verde. El evento se realizó con discursos que presentaron a Quintero como “benefactora de la comunidad”, lo que generó críticas por parte de ciudadanos.
El caso se suma al registrado en Cerritos, donde recientemente una calle fue nombrada en honor de la diputada local del Partido del Trabajo, Leticia Vázquez Hernández. Ambos episodios han reavivado el debate sobre el uso del espacio público para enaltecer a figuras políticas en funciones.
Especialistas consultados señalan que este tipo de decisiones alimentan el llamado culto a la personalidad, fenómeno en el que se construye una imagen idealizada de determinadas personas con el fin de intentar consolidar control social.
“Nombrar calles con políticos vivos no es un reconocimiento espontáneo, sino una estrategia para fijar su presencia en la memoria colectiva”.
La polémica continúa abierta, mientras organizaciones civiles han pedido a los ayuntamientos de la región establecer reglas claras para impedir que la infraestructura pública se convierta en monumento al ego de los gobernantes en turno.

